Catedral de Ciudadela, tumbas profanadas.

El informe-resumen de 1952 sobre asesinatos de religiosos En la Causa General aparece a partir del folio 247 del legajo 1557, expediente 10, un informe sobre asesinatos de religiosos

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[El legajo está fechado en 1952-1955 y lo que precede a este informe son listas de sacerdotes y religiosos asesinados en cada provincia, con indicación de fecha, lugar y alguna somera circunstancia cuando se conoce.

El informe termina en el folio 277 con la siguiente:]
DILIGENCIA
En Madrid, a primero de diciembre de 1952.
Como Secretario de la Causa General, para hacer constar que el la jefatura de la misma, obran los originales de los informes que preceden.
[Folio 247]
INFORME FORMULADO POR LAS CAUSAS GENERALES DE DIFERENTES PROVINCIAS SOMETIDAS A LA DOMINACIÓN MARXISTA.
No se reproducen la totalidad de los informes, por presentar la persecución religiosa en las varias regiones españolas, características similares, y como muestra de la forma y circunstancias en que se llevó a cabo la referida persecución, se reproducen los de las provincias del Norte de España, algunas del Centro y de Andalucía, así como de Aragón y Levante.
La persecución en la capital de España y el resumen o informe de conjunto sobre lo que fue la persecución religiosa en la España marxista, quedó recogido en la publicación “La dominación roja en España”, de la que se adunta un ejemplar.
SANTANDER
Personas y cosas eclesiásticas, fueron objeto de especialísima persecución por los rojos santanderinos; ciento setenta y uno fueorn los miembros del clero regular y secular asesinados en esta provincia, o sea el catorce por ciento del total de los muertos habidos. La mayorìa de los que no perdieron la vida, se debió a que consiguieron esconderse evitando así su detención y posible muerte.
Una característica de la criminalidad marxista es que los asesinatos son cometidos generalmente por gentes extrañas y [en] sitios distantes del domicilio de la víctima, si bien estos eran acordados por los Frentes Populares de cada localidad, o cuando menos, en virtud de informaciones facilitadas por estos, y en otros casos, a requerimiento de los mismos.
No es cierto, como se quiere hacer creer, que la desenfrenada delincuencia que imperó en los primeros meses de la revolución marxista sea atribuible a los “incontrolables”. Nada más lejos de la verdad,
[Folio 248]
en Santander, por ejemplo, tuvieron los socialistas la dirección y control de las funciones de gobierno. Socialista era el Comisario de Guerra Bruno Alonso, y su sucesor Antonio Somarribas, el Gobernador y Delegado del Gobierno para Santander, Palencia y Burgos, Juanito Ruiz Olazarán, los consejeros de Comercio, Obras Públicas, Hacienda, el Secretario del Consejo, el Presidente del Frente Popular Francisco Moreña, el Alcalde Cipriano González, el Comandante Militar José García Vayas, y socialistas también, el Comisario de Policía del Frente Popular Manuel Neira, su lugarteniente Vicente Escribano y su secretario Máximo Castañeda, siendo el referido Neila el principal responsable de los asesinatos y matanzas cometidos en esta Provinicia; estaba en constante contacto con el Delegado del Gobierno Ruiz Olazarán y junto a éste, y en las mismas oficinas, desarrollaba sus actividades. Y una prueba más. En marzo de 1937 decide marchar a Méjico Neila, pero sus criminales servicios son tan apreciados, que no le permiten marchar, cuando ya había recibido el homenaje de un banquete de despedida (Diario del Cantábrico de 31 de marzo) y sus monstruosidades eran de todos conocidas, inspiradas y dirigidas por el propio Delegado del Gobierno, que diariamente cambiaba impresiones con el Comisario Neila, y hasta el propio chofer y coches del Delegado del Gobierno, son utilizados para dar “paseos” siendo uno de los principales ejecutores de asesinatos el escolta del referido Delegado Juan San Juan Cuerno.
Es interesante conocer la familia del Gobernador Delegado del Gobierno, e incluso jefe de la parodia del Gobierno organizado por los marxistas en Santander. Son varios hermanos: uno Enrique Ruiz Olazarán alias “El Quique” multirreincidente en delitos contra la propiedad; otros dos hermanos, Clemente e Hipólito, también han sido condenados por delitos de aquella clase; el cuarto, Fermín, alias “Toe”, también ha tenido contacto con la Administración de Justicia.
[Folio 249]
Todos ingresan como policías de Neila; el “Toe” forma parte de la cuadrilla que, por las noches, llevan en gasolinera a los presos y los arroja vivos y maniatados al mar, previo golpe de palanqueta en la nuca. Varios de los hermanos cooperan a la ejecución en masa de los presos en el barco-prisión “Alfonso Pérez” y, finalmente, Juanito Ruiz Olazarán, que había sido camarero, en julio de 1936 se le nombra Delegado del Gobierno rojo, en Santander, Palencia y Burgos y actúa como jefe de la caricatura de Gobierno rojo de Santander, y fue un verdadero dictador ocupando todos los puestos políticos y militares sus amigos y correligionarios. El progenitor Emilio Ruiz, se le ha seguido procedimiento por robos cometidos en la época marxista y con anterioridad fue condenado como autor de un repugnante delito contra la honestidad.
[Lo que sigue resume los folios 81 y 82 del informe del fiscal sobre Santander. Sigue con una referencia a la checa de Castrourdiales tomada del folio 79. El folio 250 resume la matanza del “Alfonso Pérez” tomando datos del relato del fiscal (folio 49); el asesinato del párroco Bonifacio Angulo está tomado de los folios 51-52; el de Pilar Romero y la religiosa oblata sor Valentina, de los folios 56-57; el del sacerdote Valentín Palencia, de los folios 60-61; el de Daniel Álvarez (folio 251) de los folios 64-65; el de Miguel Crespo del 68; el de los trapenses y jesuitas del 82; el relato sobre Santander termina (folio 252) con una referencia genérica a la destrucción de arte sacro, copiada del folio 98.]
[En ese mismo folio 252 comienza el relato sobre Asturias, que es un resumen del contenido en el legajo 1343, expediente 6, folios 10 al 13 Copio el comienzo de este resumen.]
OVIEDO
La persecución religiosa en la Provincia de Asturias durante la dominación marxista, puede calificarse de durísima.
Ya en la revolución de Octubre de 1934 se había marcado por parte de los elementos revolucionarios, un manifiesto odio a todo lo religioso.
En estos sucesos fueron asesinados un gran número de sacerdotes y religiosos, algunos en circunstancias verdaderamente trágicas, que, por fortuna, no tuvieron imitación durante la dominación marxista. Entre las víctimas de estos sucesos figuran el Sr. Provisor del Obispado, Secretario de Cámara y Gobierno del mismo y un Canónigo de la Catedral ovetense. Fueron incendiadas gran número de iglesias y destruida con dinamita la Cámara Santa de la Catedral ovetense, de inapreciable valor artístico.
Este odio contra la religión y las cosas sagradas, fue fomentado por los elementos socialistas e izquierdistas de la provincia, al
[Folio 253.]
lanzarse a una propaganda desbocada, en la que todos, como respondiendo a una consigna atacaron a la Iglesia y sus representantes. El periódico socialista “Avance” que se editaba en Oviedo, se distinguió por su sectaria y calumniosa campaña. Todo ello excitó los odios del populacho que dio rienda suelta a sus instintos, en cuanto se creyó que los resortes preventivos y coactivos de la autoridad habían sido rotos o relajados.
Con este precedente a nadie puede extrañar que, habiendo quedado la provincia entera el 18 de julio, a excepción de la ciudad de Oviedo, en poder de los elementos que integraban el llamado Frente Popular, se desencadenara una tremenda persecución contra la Iglesia.
Ciento dieiciséis sacerdotes, veinticuatro religiosos, son asesinados. Sufrieron distintas persecuciones -encarcelamiento, malos tratos, saqueos en sus propiedades privadas, vejaciones de todo género- cuatrocientos dieciseis sacerdotes y veinte religiosos. Treinta y seis religiosas fueron igualmente objeto de persecución así como veinte religiosos. Consiguieron permanecer ocultos en casas particulares viviendo en continuo sobresalto o logrando pasarse al Campo Nacional cuarenta y cinco sacerdotes.
Fueron destruidas doscientas cuarenta y nueve iglesias parroquiales; trescientas veintiuna saqueadas, veintiseis profanadas y siete deterioradas, capillas particulares fueron destruidas ciento ochenta. Trescientas veintiseis saqueadas, veinticinco profanadas y seis deterioradas. En cuanto a iglesias o capillas de religiosos, fueron saqueadas veinte. Los daños causados se valoran aproximadamente en seis millones ciento noventa y seis mil pesetas, habiéndose llevado a cabo la mayor parte de las veces la destrucción por medio del incendio o voladas con dinamita, y en algunas para herir los sentimientos religiosos de personas significadas en La Felguera, se obligó a trabajar en el derribo a personas de Acción Católica.
Las que no fueron destruidas en su totalidad fueron destinadas a usos profanos de los más diversos: almacenes, de víveres, de explosivos,
[Folio 254.]
cuadras, cárceles, salones de baile, etc.
Las imágenes fueron destruidas en Udrión de Trubia, la imagen de Nuestra Señora del Rosario la apalearon hasta cansarse, en la iglesia de Trubia [Pruvia, según el legajo 1343, expediente 6, folio 11] se organizó un baile al que asisten los dirigentes socialistas revestidos con ornamentos religiosos; en Valle, Cándamo, después de pública befa cuelgan de un arbol la imagen de Cristo crucificado. En Paredes de Luarca pisotearon las Sagradas Formas y salieron a la calle vestidos con ornamentos religiosos.
Con la destrucción de ornamentos religiosos en su mayoría quemados y la destrucción de muchas iglesias, sufre el Tesoro Artístico Nacional un rudo golpe.
También los sepulcros parroquiales fueron objeto de profanación, acaso por creer en ellos podrían encontrarse alhajas u objetos de valor, los santuarios más venerados de Asturias fueron igualmente profanados con el propósito de herir al pueblo creyentes en sus más caros sentimientos: Así por ejemplo Covadonga, santuario nacional, fue objeto de profanaciones y despojos. La Virgen desapareció, si bien más tarde fue recuperada en el desván de la que había sido embajada de España en París. La Sala de joyas fue totalmente saqueada, la Cueva destruida, y la Basílica convertida en salón para reuniones políticas y su cripta destinada a depósito de municiones.
La Ermita del Ecce-Homo en Noreña en la que se veneraba una imagen considerada como muy milagrosa, y por la que había gran devoción en toda la Provincia, fue saquedada el día 27 de agosto de 1936, a las 16 horas, sacada la imagen y colocada la imagen en un montón fuera del recinto en unión de otros ornamentos sagrados se prendió fuegon al montón y como no ardiera la imagen, el dirigiente rojo José Cueto Blanco disparó su pistola contra la Sagrada Imagen al tiempo que profería groserías y blasfemias. Al estar la Imagen rodeada de llamas se levantó por tres veces según refiere el testigo presencial Rafael Colunga Redondo. Entonces colocaron sobre ella un madero de gran peso logrando su destrucción.
[Folio 255.]
En el “Boletín Oficial” que en Gijón publicaba el llamado Gobierno de Asturias y Gijón [sic, por León] en 21 de septiembre de 1936 publicó un Decreto del Departamento de Instrucción Pública, ordenando que todas las Escuelas servidas hasta entonces por instituciones religiosas, pasasen a disposición del mismo, considerandose a todos sus efectos como vacantes de nueva creación. Se ordena a los delegados municipales su incautación, pero esta ya había tenido lugar con anterioridad en muchísimos casos.
Durante la dominación marxista en Asturias publicó la prensa numerosos artículos y caricaturas ofensivos para la Iglesia, en los periódicos “Avance” y “C.N.T.” que se publicaban en Gijón.
Fueron muchísimos los asesinados por su condición de católicos, como elementos rectores y destacados de la Adoración Nocturna, Acción Católica, Juventudes Católicas y miembros de los Sindicatos Católicos Mineros, que desde hace muchos años, venía sosteniendo violentas luchas con los sindicatos socialistas, lo que dio lugar a que en el término municipal de Ayer fueran asesinados la mayoría de sus componentes.
GUIPUZCOA
[Hasta folio 257. Es resumen de lo aparecido en legajo 1343, expediente 6, folios 16-18. De Vizcaya se trata en 257-261, que es copia-resumen de lo aparecido en el legajo 1333, exp. 12, folios 25 a 28.]
[Folio 261.]
CUENCA [Es copia de los folios 27 a 29 del legajo 675, expediente 9.]
La provincia de Cuenca se caracterizó siempre por una marcada tendencia derechista en el aspecto político y por muy arraigados sentimientos religiosos que sirvieron de valladar a la infiltración de las doctrinas disolventes del Frente Popular, de los Sindicatos y del comunismo, que desde 1932 habían inundado España.
[Folio 262.]
La revolución es preparada por el marxismo desde el Gobierno Civil, al ser designado D. Antonio Sánchez Carrillo en 27 de febrero de 1936 Gobernador de Cuenca. Este individuo se lleva como colaboradores para facilitar el triunfo del FP en la segunda vuelta de las elecciones a un grupo de pistoleros, reclutados en la barriada de Vallecas en Madrid, repartiendo armas de las que había depositadas en el Gobierno Civil entre los elementos marxistas de su confianza. Iniciado el GMN, es este sujeto, persona de pésima conducta moral, íntimo amigo del Grande Oriente Español Martínez Barrio, el verdadero organizador de los comités revolucionarios integrados por los partidos del FP con la ayuda de los elementos marxistas llegados de Madrid, y de los dirigentes locales de la U.G.T. y C.N.T.
Poco antes de iniciado el GMN, sustituye a todas las autoridades locales, el referido Gobernador, y empiezan las incautaciones por los delegados de su autoridad de extrema izquierda, y, entre otras, la de un millón de pesetas, pertenecientes al Ilmo. Sr. Obispo de Cuenca.
Conocida por los dirigentes frentepopulistas la gran influencia religiosa de la Iglesia en esta provincia, y la resistencia que tan arraigadas creencias oponían al logro de su propaganda disolvente, dirigen desde un principio sus ataques contra la Religión representada por las altas jerarquías de la Iglesia, Clero parroquial y Órdenes religiosas, y sin que tuviera más trágicas consecuencias esta persecución que las que tuvo, gracias al amparo que los vecinos de muchos pueblos prestaron a Sacerdotes y Religiosos, ayudándoles y ocultándoles y salvando también muchas imágenes y documentos religiosos contra las iras de los marxistas.
En la Capital -Cuenca-, los Jefes marxistas dirigen sus iras contra la autoridad superior eclesiástica, el Ilmo. Sr. Obispo de Cuenca, D. Cruz Laplana Laguna, el cual murió asesinado en compa-
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ñía de su Capellán D. Fernando Español Berdié, Canónigo de la S.I.C. que se ofreció voluntariamente a morir, por no abandonar a su Obispo, habiéndose confesado mutuamente ante sus asesinos y otorgándoles el perdón.
Sufrieron igual suerte el Vicario General del Obispado D. Lucio Bellón, en compañía de su hermano D. Juan Félix, Beneficiado de la Catedral, el Secretario de Cámara, el Arcipreste, el Magistrado, el Mayordomo y cuantos altos dignatario de esta Diócesis se encontraron en la Capital; igual trágico destino corre el Rector del Seminario Conciliar y el Capellán de las Religiosas Jesuitinas, el cual antes de ser asesinado y en plan de burla, es obligado por los milicianos a cantar un responso ante el cadáver de su sobrino que acababa de ser fusilado.
Sucumbieron también víctimas de la persecución religiosa, cinco religiosos, un hermano lego y algunos seglares, entre los que merece citarse a D. Matías González Espejo y D. Rafael Monviedro, que caen víctimas de los marxistas por su destacada significación religiosa.
En los pueblos de la provincia se desencadenó una persecución muy semejante, ascendiendo a sesenta y uno el número de Párrocos, Coadjutores, Ecónomos y Capellanes, así como cuatro religiosos, siendo el total de asesinados el de ciento seis entre la Capital y la provincia.
No limitan los dirigentes rojos su actuación sólo a la persecución personal, sino también dirigen su ánimo destructivo contra todo signo o representación de la Iglesia para la celebración del Culto, y así destruyen todos los Templos de la Capital, los Conventos son convertidos en cuarteles (San Felipe, Jesuitinas, Benedictinas y Angélicas, Convento de San Pablo y de los Paúles). Por excepción y al considerarla monumento nacional no es destrozada la
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Catedral, pero sí saqueada. El cuerpo de San Julián, segundo Obispo de Cuenca, que se conservaba insepulto [incorrupto], fue rociado con gasolina y reducido a cenizas; casi todas las imágenes de la capital fueron destruidas y, entre ellas, la de la Patrona Nuestra Señora de las Angustias.
En los pueblos de la provincia, salvo rarísima excepción, parroquias, santuarios y conventos fueron profanados y destrozados, en especial retablos, órganos y campanas, no respetándose muchas obras de arte, de valor considerable.
CIUDAD REAL
Una de las primeras víctimas de la persecución religiosa en Ciudad Real, fue el Excmo. y Reverendísimo Sr. Obispo, Prior de las Órdenes Militares, Don Narciso de Estenaga y Echevarría. Permaneció en el Palacio Episcopal durante algunos días, trasladándose el 12 de agosto ante las vejaciones y amenazas de que era objeto, a casa de los señores Sánchez Izquierdo, y el 22 de agosto de 1936 se presentaron en la referida casa dos automóviles con milicias, que reclaman la presencia del Sr. Obispo, amenazando con volar la casa con dinamita si no se presentaba pronto. El referido prelado salió diciendo: “sea lo que Dios quiera”. Quiso acompañarle su Capellán D. Julio Melgas Salgado, aunque los milicianos dijeron que contra él no había nada. Condujeron a los dos al lugar denominado “Peraldillo Bajo” a ocho kilómetros de Ciudad Real, donde los asesinaron disparando al Sr. Obispo dos tiros en la nuca y trasladando los cadáveres los mismos milicianos a la puerta del Cementerio.
No cabe duda de que el asesinato del Sr. Obispo fue determinado por tal condición, y del conjunto de elementos obrantes en la Causa General se desprende que la máxima responsabilidad de estos asesinatos corresponde al que desempeñaba el cargo de gobernador civil así como a los componentes del Comité de Defensa.
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Son de destacar entre otras, las persecuciones sufridas por el Sr. cura párroco de Torrenueva, D. Felipe Campos Rodríguez, detenido el 20 de julio de 1936, y el 11 de agosto, después de innumerables vejámenes, y antes de asesinarle, le dan una descomunal paliza, que le destroza la boca y la dentadura. No contentos con esto le saltaron después los ojos y en este estado le tuvieron al sol más de dos horas. Una vez muerto, le arrastraron por la plaza pública, llevando el cadáver a la misma habitación donde se encontraban los otros detenidos y, por último, le cortan las piernas antes de llevarlo al cementerio.
En Daimiel, el sacerdote D. Bernardo Atochero López es llevado al cementerio, donde le obligan a cavar su fosa. Le disparan un tiro y como no muere, le arrojan vivo a la tumba, echándole un esportillo de cal que le produce enormes sufrimientos, enterrándole vivo, dejándole la cabeza fuera y entreteniéndose en darle puntapiés como si fuera una pelota, hasta que muere.
Aunque no pertenece al clero, es de destacar en Alcázar de San Juan la muerte de D. Antonio Campos López, por negarse a abjurar de sus arraigados sentimientos católicos antes de darle muerte le sacaron los ojos.
En las iglesias y conventos que desde un principio fueron cerrados, son saqueados por las turbas, se destruyen los ornamentos, vasos sagrados, se roban las campanas y, en la mayor parte de los casos, son incendiados los templos. En algunos, la destrucción, como la iglesia de Campo de Criptana, llegó a no dejar ni siquiera los cimientos. En los templos en que no se destrozó el inmueble, sí lo hicieron en todas las imágenes y ornamentos dedicándolos a cárceles, mercados y garajes.
El número total de iglesias o casas religiosas destruidas totalmente o parcial se eleva a 104 y a 154 las que fueron saqueadas
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y profanadas.
Son de destacar, entre otros muchos sacrilegios, los cometidos en Alcázar de San Juan, en que se apoderan de las Sagradas Formas, y entre burlas y blasfemias, las consumen, y lo mismo ocurre en Valdepeñas y Torremuñoz.
BADAJOZ
No obstante el poco tiempo que la horda marxista dominó la provincia de Badajoz, son numerosas las víctimas de la barbarie roja entre el clero y muchos los sufrimientos y malos tratos de que fueron víctimas, todo lo que prueba si alguna duda hubiera, que la persecución contra la Iglesia y sus ministros, a fin de proscribir en España el culto de la Religión Católico, era uno de los principales fines de la revolución marxista.
A título de ejemplo se citan algunos casos que prueban hasta dónde llegó en esta provincia la barbarie roja.
El coadjutor de Azuaga D. Victoriano Triviño Dávila, cuya cabeza había sido públicamente pregonada, fue obligado a barrer las calles de la población, a pasear descalzo por el suelo del calabozo, previamente regado con polvos de cal viva y, finalmente, fue asesinado el 7 de septiembre de 1936.
Los sacerdotes D. José María Vázquez Díaz y D. José Castilla Fernández, mueren el 17 de agosto de 1936, en el sitio llamado Del Pontón, término de Jerez de los Caballeros, donde fueron enterrados vivos con medio cuerpo fuera, paseando sobre ellos las milicias marxistas montados en caballerías, hasta ocasionarles la muerte.
D. Baltasar de la Cruz Cruz fue objeto de grandes palizas y martirios por negarse a blasfemar, antes de ser fusilado en Higuera de Llerena el 25 de agosto de 1936.
D. Rafael Fernández Díaz, detenido el 29 de julio de 1936, le dieron tan bárbaras palizas que le producen la doble fractura de
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la columna vertebral, y cuando se encontraban las Fuerzas Nacionales a las puertas del pueblo, le sacan a la carretera y le dan muerte, el 18 de agosto de 1936.
Y, finalmente, por no citar más, D. Francisco Vicioso Carralera, fusilado el 12 de agosto de 1936, como diera al morir el grito de “Viva Cristo Rey” los verdugos le tapan la boca con estiércol y le roban sus vestidos.
Claramente se deduce de lo expuesto, que la persecución que sufrió el Clero en esta provincia por los marxistas, obedecía única y exclusivamente a su condición sacerdotal.
ALMERÍA
La intensa propaganda oral y escrita llevada a cabo por todos los partidos marxistas y sindicatos, había preparado un ambiente totalmente contrario a la Religión y sus ministros, propaganda que financiada por las internacionales comunistas y por la Masonería, dio su fruto apenas llegó a su límite el relajamiento del principio de autoridad.
Apenas iniciado el GMN, toda manifestación del Culto desaparece en esta provincia y son muchos los miembros del Clero regular y secular que caen víctimas del odio marxista, pero podemos decir, que no hubo uno solo, en especial dentro del clero regular, que no sufriera persecución, y si se libró de ella, fue porque tuvo habilidad para esconderse, sufriendo privaciones sin tasa para poder salvar la vida, y en forma oculta y secreta, llevar a cabo la función de su sagrado Ministerio.
No fue una explosión imprevista este desbordamiento de pasión contra la Religión y sus ministros. La sistemática destrucción de iglesias y conventos, capillas y ermitas, así como de todos los
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ornamentos, vasos sagrados y otros objetos del Culto, prueban sin duda alguna la obediencia de todos conocida del marxismo y la Masonería contra la Religión.
La prueba es, que en la mayoría de las localidades no son precisamente los elementos del pueblo, sino los mismos del comité los que suelen llevar a cabo los asesinatos o las destrucciones, sino grupos de milicias enviados generalmente por los comités de la Capital y en contacto íntimo y directo con las llamadas autoridades rojas, las que llevan a cabo la sistemática ejecución y persecución contra la Iglesia y sus ministros.
Ya antes, muy pocos días, de la iniciación del MN, manifiesta D. Jesús María Castillo Moreno Capellán, con domicilio en la calle de Lope de Vega num. 9, Almería, que por vivir antes del Alzamiento en la Plaza del Ayuntamiento num. 7, pared por medio de la C.N.T. estando reunidos los obreros panaderos, pidió uno que se matase a todos los curas, otro de los asistentes pidió la palabra y dijo: “que a todos menos al padre Luque” que era el padre de los pobres y así se tomó en acta el acuerdo, si bien tal excepción no le sirvió al padre Luque, religioso jesuita, que también fue asesinado.
Por la relación de sacerdotes asesinados en la provincia de Almería puede comprobarse que la mayoría fueron asesinados en los Pozos de Tabernas y arrojados en ellos los cadáveres después de haber sufrido una serie interminable de vejaciones en las distintas prisiones de la capital. Recogemos a continuación algunos detalles de como se produjeron los asesinatos de varios de los mártires del clero en Almería.
Los reverendísimos señores obispos de Almería Don Diego Ventaja Milan y de Guadix D. Gabriel Medina Olmos, sufrieron un calvario semejante. El 28 de julio de 1936 es expulsado el Sr. obispo del Palacio Episcopal de Almería por orden del comité revolucionario eje-
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cutada por unos milicianos. Fue a refugiarse el Sr. obispo a la casa del vicario general, y allí llegó a los pocos días el Sr. obispo de Guadix al que trajeron unos milicianos de la capital de su diócesis. Son estrechamente vigilados haciéndoles objeto de vejaciones, les despojan de todas sus insignias episcopales, y con pretexto de recibirles declaración les conducen a pie, a través de la población, y entre fusiles, a la comisaría; el día 26, son llevados al barco-prisión “Astoy Mendi”, barco que había estado destinado a cargamento de mineral, donde experimentan los horrores de la sed, encerrados en las bodegas. Allí les despojan de las sotanas y les someten a rudos trabajos, y para hacerlos objeto de mofa, vestidos solo con pantalón y camisa, les ponen en cubierta para recibir los paquetes destinados a los presos. Pocos días después, el 28, son llevados al acorazado Jaime I para que sirvieran la mesa a la marinería. Allí fueron insultados, vejados y maltratados, permaneciendo siempre los señores prelados serenos y fuertes con verdadera edificación. En la noche del 28 de agosto fueron sacados del barco-prisión y llevados al Barranco del Cisne y a unos cien metros del referido lugar les dan muerte, quemando luego con gasolina sus cadáveres. El Sr. obispo de Almería dirigió sendas palabras de perdón y exhortación al arrepentimiento y pidió que fuera él la última víctima sacrificada.
El canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Don Diego Morata Cano, estando detenido en el convento de las Adoratrices, al cruzar el pasillo para ir al retrete, un miliciano que estaba de guardia, sin razón alguna le pegó un tiro que le atravesó el pecho; es llevado a la enfermería, y, cuando aun no había curado de la herida, en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1936, teniendo que ser llevado casi en volandas, es conducido al cementerio de Almería y asesinado.
D. Juan Soler García, coadjutor del Sagrario, huye al pueblo de su naturaleza Chiribel, donde sus paisanos le respetan, pero encon-
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trándose un día en la carretera es sorprendido por unos milicianos y confesada por él su condición de sacerdote, le disparan varios tiros en la cabeza, dandole muerte. De rodillas, llorando y perdonando a los que disparaban contra él, entregó su alma a Dios.
El coadjutor de Santiago, D. Domingo Campoy, después de recorrer varias prisiones, es llevado al acorazado Jaime I, donde le obligan a apalear carbón de un lado a otro, y cuando estaba medio agotado le sacan a cubierta, dándole una fuerte paliza con vergajos, culatas de pistola y fusil, y varas de hierro. Molido por los golpes sin poderse mover, con un ojo fuera de su órbita, sigue negándose a proferir blasfemias como le exigen sus verdugos. Le vuelven a la carbonera y por una tolva que existe en el techo le arrojan polvo de carbón hasta que le privan de conocimiento; sacado fuera pide agua y se la dan hirviendo en un recipiente de lata, y víctima de nueva paliza es trasladado al barco-prisión “Astoy Mendi” donde tienen que bajarlo a la bodega con unas cuerdas, y casi sin sentido, permaneció hasta el 31 de agosto de 1936 en que fue asesinado.
Casi el mismo calvario sufrió también D. José García González al que le aplicaron planchas de hierro ardiendo en el pecho y según parece fue arrojado a uno de los hornos del mencionado buque.
Don Antonio Lorca Muñoz, coadjutor de Albor, después de sufrir prisión en varios lugares, el 1º de septiembre de 1936 es conducido con otros sacerdotes a los Pozos de Tabernas, todos ellos se confiesan, se muestran conformes con la voluntad de Dios y perdonan a sus verdugos y paisanos que, cobardemente, permitieron su muerte.
D. Antonio Martín de García, párroco de Viator, después de haber pasado varios días detenido es por fin detenido y le quieren obligar a blasfemar y proferir injurias contra el Generalísmo Franco y el Movimiento a lo que se niega, por lo que disparan contra él sus pistolas dejándole malherido. Se reparten sus ropas,
[Folio 271.]
sentándose a fumar un cigarro sobre el propio cadáver, y luego a puntapies le hacen rodar por las orillas del río.
D. Fernando González Ros, párroco de Sorda, es detenido y cerca del pueblo de Lubrin, le hacen bajarse y disparan sobre él en la misma carretera. Cayó bendiciéndoles y diciendo “Yo os perdono para que Dios me perdone”.
D. Alfredo Simunia López, cura párroco de Vera, después de sufrir prisión en varios lugares, le hacen objeto de numerosas vejaciones, y al preguntarles “yo que os he bautizado y enseñado a leer a vosotros y a otros muchos pobres, ¿por qué me maltratáis?” a lo que le contestaron simplemente “porque es V. sacerdote”.
D. Melitón Martínez Gómez, párroco de Fiñana, es detenido en su pueblo y conducido descalzo a la cárcel en unión del coadjutor. A ambos les dan muerte, y al cadáver del párroco le cortan las orejas y se las entregan al cabecilla rojo de Fiñana y a su mujer, que mostraron gran contento al verlas en sus manos.
CÓRDOBA
Por el conjunto de actuaciones obrantes en la Causa General se puede afirmar que todos los sacerdotes asesinados hicieron protesta de su fe católica y perdonaron a sus enemigos y verdugos, siendo ejemplar su conducta ante el tormento y la muerte, ayudando a prepararse para ésta a sus compañeros de prisión, recibiendo sus confesiones y organizando el rezó en común. Muchos de los caídos al ser ejecutados, dieron el grito de “Viva Cristo Rey”.
Pero no han sido sólo los asesinados las víctimas de la dominación marxista. Puede decirse que todos los sacerdotes de la diócesis que se encontraban en pueblos de esta provincia -Córdoba- domina-
[Folio 272.]
dos por los marxistas, fueron objeto de persecución y malos tratos que a muchos les produjo la muerte poco tiempo después, y a otros graves enfermedades que les han dejado huellas indelebles del dolor sufrido. Muchos fieles de esta provincia han muerto por sus ideas religiosas. Es de citar el caso, en el Carpio, de D. Ramón de Prados y Porras, que dirigía el rezo del Santo Rosario entre los presos. En Pedro Abad, es D. Juan Gaitan, quien muere perdonando y bendiciendo a sus enemigos. Doña Teresa Cajudo Caballero muere en Pozoblanco con los brazos en cruz y entonando himnos religiosos.
La destrucción de templos, en unos casos total y en otros parcial, va unida a la total profanación de los mismos. Los que quedan de pie son destinados a mercados públicos, almacenes de grano, de chacina, de aperos de labor, cines, teatros, salones de baile, cuarteles de milicias, cárceles, cuadras, posadas, etc. Es interesante la forma en que se lleva a cabo la profanación de imágenes, las apaleaban, las cortaban las manos y los pies, las sacaban los ojos, las abrían la cabeza, las fusilaban con todo aparato, las perforaban el lugar del corazón, manos y pies; en fin cuantos procedimientos les inspiraba el odio dirigido por la idea de combatir la Religión. Los vasos y objetos sagrados fueron profanados; los ornamentos utilizados para burlarse de la Religión y sus ministros, las aras han sido encontradas en su mayoría sin upérculo ni reliquia. No se libraron los cementerios de esta persecución, se destrozan cruces, se violan sepulturas, o se emplean los Camposantos como lugar de ejecución, siendo de citar las violaciones de las sepulturas de los conventos de Religiosas Dominicas de Lora del Río, y de los enterramientos en la cripta del Duque de Alba de la Parroquia del Carmen.
Del estudio de las actuaciones, claramente se desprende que la sola condición sacerdotal, era, para la horda roja, motivo suficiente para la prisión, el tormento y, en muchos casos, la muerte.
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ZARAGOZA
Aun teniendo en cuenta que los rojos no dominaron más que una pequeña parte de la provincia de Zaragoza, y que en ella no se encontraban localidades de importancia (pues con excepción de Caspe y Belchite, sólamente dominaron pueblos de escasa población), y por lo tanto la capital de Zaragoza y las grandes ciudades de Calatayud, La Almunia, Daroca, Egea de los Caballeros, etc. permanecieron afortunadamente en Zona Nacional, los rojos en su odio hacia las personas de orden en general, asesinaron en dicha zona, según los datos obrantes en esta Causa General a mil dieciocho personas.
La horda roja, en su afán de destrucción de todo aquello que significa orden y provecho, civilización y cultura, no podía por menos que satisfacer sus deseos, borrando todo vestigio de idea religiosa. Al poder dar rienda suelta a sus instintos laicos, de que tanta propaganda se había hecho durante la República, asesinaron a cuantos sacerdotes, religiosos, seminaristas y personas de marcada significación católica, cayeron en sus manos, destrozando generalmente, por medio del incendio, las iglesias y ermitas, y las imágenes religiosas que se encontraban en ellas, y si más no se destrozó fue porque la obra de fábrica no ardía, o porque pensaron utilizarla para almacenes, garajes, cuadras o lugares de recreo.
Muy pocas parroquias pudieron salvar los libros sacramentales y demás documentos archivados. Todos fueron pasto de las llamas en los primeros momentos de la invasión, y los que se salvaron, fue, o bien porque los señores curas pudieron esconderlo, o bien porque algunos comités, para efectos de fiscalización o para obligar a la incorporación a filas de los individuos que por su edad hubieran de hacerlo, cuidaron de hacerse dueños de los libros de inscripción de bautizados.
También con estos incendios se han perdido documentos de im-
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portancia histórica, tales como las Bulas Pontificias de antiguas concesiones, escrituras de fundaciones, censos, etc.
Se profanaron en cambio, cuantas imágenes encontraron, arrastrando unas, quemando otras y haciendo ejercicios de tiro sobre ellas, las Juventudes Libertarias.
Existe constancia de que en la Diócesis de Zaragoza, fueron asesinadas 123 personas religiosas, distribuidas en la siguiente forma: sacerdotes, 78; religiosos, 38 y seminaristas, 7. Además fueron muertas, por su marcada significación religiosa, cuarenta y nueve personas de Acción Católica.
El número de iglesias y capillas más o menos destruidas, suman 316.
HUESCA
Afecta esta persecución religiosa a las diócesis de Huesca, Barbastro y Lérida. Los sacerdotes, religiosos y religiosas que pertenecían a estas diócesis, salvaron muy pocos de ellas sus vidas y sus parroquias. El número de 468 asesinados, demuestra el ensañamiento habido contra los que predicaban la religión cristiana, que no cabe duda, eran las víctimas predilectas de la horda roja, y en sus personas se cometieron los escarnios más horrendos. Así lo demuestra el asesinato del Excmo. e Ilmo. Sr. obispo de la diócesis de Barbastro, D. Florentino Asensio Barroso, al que antes de darle muerte, le mutilaron, extrayéndole los testículos científicamente, para que no se desangrase llevándolos el médico que cometió tal crimen, y exhibiéndolos por lugares públicos. Después le obligaron a ir por su propio pie a la muerte, chorreando sangre. Extenuado llegó al lugar de la ejecución que fue el mismo paraje de la carretera de Cariñena en que cuatro días después fueron asesinados veinte hermanos religiosos; allí recibió la primera descarga, pero no murió y llevado al cementerio y arrojado sobre un montón de cadáveres, después de
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dos horas de agonía, le remataron de un tiro.
Otro ejemplo de la crueldad marxista es el asesinato de D. Julio Besco [¿Basco?] ecónomo de Antillón que maniatado le llevaron por las calles del pueblo entre burlas y sarcasmos, de vez en cuando le hacían arrodillarse y a culatazos le hacían seguir, medio muerto por la sed, por el calor y las torturas, y así llegaron al campo, donde le hicieron la primera descarga, y después de preguntarle si le dolía y no tenía nada que decir, sus asesinos le rematan a tiros.
En el término de Peralta de la Sal, fueron asesinadas tres religiosas después de violarlas y cometer con ellas, toda clase de burlas y desprecios.
No se contentaron los milicianos con acabar con la preciada vida de estos mártires, sino que por regla general destruyeron las iglesias y las ermitas, profanaron los cultos y objetos sagrados, y muchas de las iglesias fueron convertidas en cuadras y almacenes, y otras, como el convento de las Madres Capuchinas de Barbastro, en prisión.
En la diócesis de Lérida, jurisdicción que abarca muchos pueblos de esta provincia llevaronse a cabo 120 asesinatos de sacerdotes, seis de religiosos y tres de religiosas, y fueron profanadas y destruidas 122 iglesias y seis conventos, datos todos estos, que pregonan, bien palpablemente la fuerte persecución religiosa que se desarrolló en esta provincia.
VALENCIA
En esta provincia, siguiendo la tónica general de la zona roja se acentuó la criminalidad dirigida contra la Iglesia Católica y sus ministros. Por lo que hace a edificios religiosos, baste decir, que en muy pocos lugares y pueblos pequeños, se salvaron los templos. En los demás, a la vez que se segaban vidas, se asaltaban iglesias,
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ermitas y conventos, se profanaban y destruían los ornamentos sagrados y objetos del culto y se destrozaban y quemaban altares.
La persecución de sacerdotes, regulares y monjas fue constante y tenaz. Nada importaba que se tratara de seres inofensivos y alejados de toda política, que se dedicaban a los piadosos menesteres de su Ministerio. Bastaba el hecho de ser miembro activo de la Iglesia para llevarles al suplicio y a la muerte, y así no es de extrañar el elevado tanto por ciento de sus bajas, que fueron 711 entre sacerdotes, regulares y religiosas.
En cuanto a la destrucción de iglesias, y aunque los datos no son completos se cifran los daños en 26.826.382 pts. y en ornamentos, imágenes y enseres, en 40.567.750 pts.
TARRAGONA
Desde el primer instante el odio de los partidos extremistas se volcó sobre la Iglesia católica, como lo pone de relieve el asesinato de 376 sacerdotes y religiosos. Las iglesias en toda la provincia fueron en los primeros días saqueadas e incendiadas, convirtiéndose después en almacenes y garajes, e incluso en algunos pueblos, en salas de baile.
Con la misma saña se persiguió a los particulares significados por sus sentimientos religiosos, muchos de los cuales fueron asesinados y encarcelados por el simple hecho de pertenecer a alguna organización piadosa o de tener en su casa alguna imagen u objeto religioso. Se pretendió desde el primer instante, terminar con todo lo que recordara la idea de Dios, y a este fin colaboraron de una manera unánime todos los partidos del Frente Popular. Es de señalar la desdichada actuación de muchos maestros que, haciéndose eco de la corriente de ateísmo reinante, trataron de borrar de la tierna conciencia de los niños puestos a su cargo, toda idea religiosa y bondadosa.
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Como ejemplo de la crueldad desarrollada por el marxismo contra la Religión y sus Ministros es de citar el asesinato de D. Manuel Borras, obispo auxiliar de la diócesis que fue detenido en el Monasterio de Poblet, y en el Coll del Illa fue asesinado previa mutilación de un brazo y una pierna, y posteriormente, quemado su cadáver.
El asesinato de los Reverendos Padres de San Juan de Dios; estos religiosos, detenidos por elementos marxistas son conducidos a la playa de Calafells, donde fueron ejecutados por disparos de ametralladora, quedando algunos de ellos malheridos y con vida, mientras entre burlas presenciaban su agonía sus ejecutores.
También es conveniente destacar el hecho del gran número de asesinatos de sacerdotes, que fueron precedidos por la mutilación de sus órganos genitales, los que se los introducían en la boca antes de rematarlos, en medio del escarnio de sus asesinos.
DILIGENCIA. En Madrid, a primero de diciembre de mil novecientos cincuenta y dos.
Como Secretario de la Causa General, para hacer constar que en la Jefatura de la misma, obran los originales de los informes que preceden.

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