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Papa y Amazonia: Facilitar el sacerdocio de los indígenas Entre las medidas que el Papa propuso al Sínodo sobre la Amazonia está facilitar el acceso a los seminarios y al sacerdocio de los indígenas

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Un fastidio para los agoreros de herejías y cismas alentados desde la Santa Sede, pero entre las medidas propuestas por el Papa al Sínodo de la Amazonia (llamado en realidad Asamblea especial para la Región Panamazónica) nada fuera de la más estricta ortodoxia y fidelidad a la tradición: de hecho el papa Francisco comenzó definiendo la tradición con palabras de Gustav Mahler. Y entre las medidas una concreta: fomentar el acceso a los seminarios y al sacerdocio de los indígenas. Ni una palabra para referirse a los viri probati, aquello de los casados de los que podría echarse mano ante la falta de sacerdotes…

Segunda medida concreta: fomentar el celo apostólico, particularmente entre los jóvenes religiosos, que parecen menos celosos… Y el Papa propuso que dediquen un año de su formación a practicar en misiones. También para los que trabajan en el servicio diplomático de la Santa Sede propuso un año en misiones: pero no como pasantes de la Nunciatura, sino al servicio de un obispo.

También hubo peros y sugerencias para el “clero indígena”, en concreto que no se dejen engatusar para trabajar en Europa: vale que hay que devolver el don de la fe (o de la predicación que la facilitó antaño), pero ojo con los africanos o de otros países que luego quieran quedarse en Europa atraídos por la vida en los países ricos… Y luego dicen que el Papa fomenta la inmigración.

Cierto que hubo una mención al estudio del diaconado permanente en la antigüedad, sobre el que dijo que no hay conclusiones acerca de si existió… Pero ojo, ¿descuido o propósito?, el Papa no concretó que fuera diaconado femenino. Solo dijo que las religiosas piden ser escuchadas, y que así se hará.

Sobre la mujer, y más bien en contra de la tendencia dominante (alias progre: ojo, dominante no significa mayoritaria), el Papa dijo que hay que reforzar su papel o el reconocimiento de su papel en la transmisión de la fe, y no limitarse a darles cargos.

Propuso el Papa fomentar las conferencias episcopales amazónicas “sectoriales”, es decir incluidas en las de los países. Sobre todo, con su referencia a los medios de comunicación, pidió que la sociedad se haga cargo del DIAGNÓSTICO, cultural, social, pastoral y ecológico, que ha hecho este sínodo, es decir, que se queden con las ideas y propósitos de fondo, y no con las decisiones referidas a pequeñeces, incluso correcciones o reformas, que calificó de “eclesiásticas y no eclesiales” en la medida en que fijarse en ellas, y en si ganó un grupo frente a otro, es un despropósito.

Y aquí es donde el Papa atacó -por decirlo así- a las “élites católicas”, a los que se permiten juzgar y criticar (y aunque no dijo que lo critiquen a él, a buen entendedor, pocas palabras bastan), y lo hizo con una cita de Charles Péguy que se había molestado en buscar y traducir él mismo, quejándose de quienes no tienen el coraje de estar con el mundo y afirman estar con Dios, pero en realidad no se atreven a comprometerse, es más, no aman a nadie y creen amar a Dios. Y luego dicen que el Papa es progre.

La traición de los tradicionalistas criticones La canonización de Pablo VI y de Óscar Romero me da pie a reflexionar sobre la ofensiva antipapista de los tradicionalistas criticones

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Dos de los personajes canonizados (junto a dos sacerdotes diocesanos, dos monjas fundadoras y un laico) el 14 de octubre de 2018, el papa Pablo VI y el arzobispo Óscar Romero, tienen en común con el papa Francisco que en vida fueron duramente criticados por algunos de los que se consideran a sí mismos defensores de la tradición de la Iglesia católica. El paso del tiempo permite ver lo superficial de esas críticas y la rica aportación que su fidelidad y santidad han supuesto para la Iglesia.
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