Oficiales del Cuartel de la Montaña, asesinados después de haberse rendido.

La matanza del Cuartel de la Montaña se hizo a sangre fría Para defender la "legalidad", el gobierno ordenó repartir armas a sus milicias, que ejecutaron a los militares que se rindieron en el Cuartel de la Montaña

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La matanza del Cuartel de la Montaña se hizo a sangre fría. Lo atestigua el cadete Valentín González Ferrando, que presenció la rendición, la entrada de los asaltantes, la retención de los presos durante tres cuartos de hora en el comedor y el fusilamiento, en el que resultó solo herido.

Expediente sobre los militares del Cuartel de la Montaña

Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL, 1515, EXP.2

De regalo, incluyo abajo las declaraciones de un alumno de la Academia de Ingenieros y de un sargento.

(Folio 27 declaración de Valentín González Ferrando, Madrid, 2.6.1939, 26 años, soltero, natural de Villaverde -Madrid-, Alumno Academia Infantería, domicilio Palma Alta, 3, dice)

Que en Julio de 1936 era Cadete de Infantería. El domingo 19 de aquel mes, entre 4 y media y 5 de la tarde, entró en el Cuartel de la Montaña, dispuesto a colaborar en el Movimiento Nacional. Vio que estuvieron entrando otros Cadetes y falangistas, hasta alrededor de las 19 horas, pues a partir de entonces los que intentaron ir no pudieron pasar, por impedírselo las milicias y fuerzas rojas que rodeaban el Cuartel.

Supo que antes de llegar al Cuartel había habido una escaramuza con una camioneta de marxistas en el Paseo de Rosales. Alrededor de las 18 horas hubo también un corto tiroteo entre el Cuartel y unos Guardias de Asalto, situados en la Calle de Luisa Fernanda. Aparte de estos ligeros encuentros no hubo tiroteo alguno en la tarde y noche del 19 de Julio.

Había entonces allí congregados aproximadamente 180 falangistas (que se vistieron de soldados) y de 25 a 30 Cadetes. Los morteros y ametralladoras estaban colocados en las ventanas del Cuartel. No vio que se dictase orden ni disposición alguna para organizar la defensa ni preparar salidas.

Aquella misma tarde, vio como algunos Jefes de Falange (a uno de ellos le faltaba un brazo) se lamentaban de que no se organizase la salida de las fuerzas del Cuartel para combatir en la calle. (Por entonces ya se veía como las fuerzas del Gobierno rojo habían tomado posiciones alrededor del Cuartel).

El lunes, día 20 de Julio, desde el amanecer, volaron aviones rojos que arrojaban proclamas, y a las 6 entró en el Cuartel, a proponer la rendición y entrega de los cuarenta y tantos mil cerrojos que allí se guardaban, un emisario del Gobierno rojo, pretensión a la que se opuso rotundamente el Coronel de Infantería D. Moisés Serra Bartolomé. Hasta entonces no había sonado un solo tiro en toda la mañana del día 20, pero a los pocos minutos de salir el emisario, sonó el primer cañonazo disparado desde el exterior y a partir de aquel momento fue continuo el cañoneo y el fuego de fusilería. Un cañonazo derribó la puerta principal del Cuartel, la que fue de nuevo levantada y sujeta.

En las horas que duró la lucha, observó falta de organización y dirección en la defensa, pues cada uno ocupaba el puesto que le parecía. La única orden que recibió el declarante fue del Teniente Grifol Moreno, alrededor de las 9 de la mañana, para que se situara en una ventana de la parte posterior del Cuartel y desde allí vigilar la puerta de entrada al mismo, desde el gimnasio, y al mismo tiempo a un grupo de unos 60, compuesto

(Folio 28)

de Sargentos, Cabos y soldados, que toda la mañana, en una actitud pasiva y expectante, estuvo en la escalera posterior del patio.

Cree que fueron muy escasas las bajas sufridas en el Cuartel mientras duró la lucha. Del Cuartel de Infantería no sabe hubiera otra muerte que el Cadete Barberán, que cayó sin vida, de un tiro en la cabeza, al hacer una salida a la explanada exterior.

Alrededor de las 10 y cuarto, dieron en el patio de Infantería el toque de alto el fuego y, al oírle, abandonó la ventana en que prestaba servicio, e inmediatamente se asomó a dicho patio, viendo un grupo de 25 a 30, en su mayoría Oficiales, puestos junto a la pared, en actitud de detenidos, y próximos a ellos soldados que parecían custodiarlos. El grupo sospechoso de clases y soldados antes aludido, seguía en la escalera en actitud pasiva.

El declarante se encaminó hacia el patio, ya entre los insultos y amenazas de los soldados de Infantería, pues todavía no había entrado en el Cuartel una sola persona procedente del exterior. Estuvo un momento en el Botiquín, hablando con el Capitán Fernández Serrano, y al salir vio que irrumpían los asaltantes por la puerta posterior del Cuartel, que da al gimnasio.- Cuando el dicente llegaba cerca de la puerta principal, oyó que gritaban: “Este es Cadete”, y cayeron sobre él varios milicianos y soldados que le desarmaron y condujeron al comedor. En este se reunían como 200 Oficiales, Cadetes y falangistas, todos detenidos, desarmados y en mangas de camisa, pues les habían arrancado las guerreras. Permanecieron allí alrededor de tres cuartos de hora, entre las amenazas e insultos de los milicianos y paisanos asaltantes. Al Cadete Moyano le dieron un machetazo en la frente. Pasado el tiempo dicho, ordenaron que salieran por el patio 5 de los detenidos en el comedor, y cuando se habían distanciado 15 o 20 metros, fueron muertos por la espalda, por los tiros que les dirigieron los mismos milicianos que, a la puerta del comedor, habían organizado esta matanza. Inmediatamente mandaron salir otros 5, a los que mataron de idéntico modo. A continuación ordenaron la salida de otros 5 detenidos, entre los cuales fue el que declara, que al recibir la descarga que por la espalda le hacían, no resultó muerto, sino herido y se arrojó al suelo, fingiéndose cadáver. En esta situación oyó como salían otros 2 o 3 grupos más de a 5 presos, y análogamente a

(Folio 29)

los anteriores, eran matados por descargas de fusilería. Después debieron variar de procedimiento para matar, oyéndose simultáneamente disparos de fusil y ráfagas de ametralladora.

Mientras se desarrollaba esta matanza, la multitud que había penetrado en el patio, en la cual figuraban algunos Guardias de Asalto, vociferaban con insultos a los que morían. Percibió cómo sonaban tiros aislados de pistola, que eran el golpe de gracia con que mataban a todos los caídos por el patio. Al sentir que se le acercaban, el declarante abandonó la quietud que observaba, y dijo que estaba vivo y que él era un soldado. Un camillero de la Cruz Roja hizo ver a las turbas que por esta razón debía de respetársele la vida, y en una camilla se lo llevaron a la Ambulancia y le condujeron al Hospital de San José y Santa Adela. Ratifícase…

(Folio 5)

Antonio Arenas Ramos, Madrid, 9.5.1939, 23 años, soltero, natural de Villaquejida (León), alumno Academia de Ingenieros, domicilio Atocha 36, declara:

Que en la noche del viernes 17 de julio de 1936, tuvo noticia del levantamiento del Ejército de África, y en la mañana del día siguiente, se fue al Cuartel de la Montaña, como alumno de la Academia de Ingenieros, para ponerse al servicio del Movimiento. Permaneció todo el día 18 en el Cuartel y vio como aquella tarde y en la mañana del siguiente día, domingo 19, acudían al Cuartel, con el mismo fin que el declarante, algunos otros alumnos de las Academias de Infantería, Artillería e Ingenieros y paisanos.

Vio como en la tarde del sábado 18 se presentaron en el Cuartel varios camiones del Parque de Artillería, y al mismo tiempo acudió un Comandante de E.M. de la División a hablar con el Coronel de Infantería (oyó decir que llevaban la orden de llevarse los 45.000 cerrojos de fusil depositados en el Cuartel de la Montaña y que el Coronel de Infantería se los negó).

El domingo 19, por la tarde, hubo dos incidentes: El uno consistió en un tiroteo que el Grupo que prestaba servicio de vigilancia a la puerta de la Unidad de Alumbrado, sostuvo con unos paisanos; y otro tiroteo que se sostuvo con la gente que se estaba apostando junto a unos jardinillos de la Plaza de España.

A las 7 de la madrugada del lunes 20, empezaron a atacar al Cuartel desde el exterior: de las azoteas próximas, fuerzas de Asalto y milicianos les hacían fuego de ametralladora y fusil; desde la Plaza de España, fuego de cañón y la aviación estuvo volando sobre el Cuartel y arrojando bombas, una de las cuales cayó en el patio del Cuartel de Ingenieros, causando bajas. Esos ataques duraron aproximadamente 3 horas. Las bajas habidas fueron pocas. Alrededor de las 10 ½, un Teniente dio la orden de alto el fuego al grupo en que estaba el declarante. Cuando llegó esta orden, ya el populacho, armado de fusiles, estaba situado en la explanada de ante las puertas del Cuartel y frente a éste cuatro o cinco automóviles blindados con Guardias de Asalto. La orden de cesar el fuego fue obedecida cuando repetidamente la dio el Teniente antes aludido. Ignora quien abriese las puertas de los Cuarteles, pues estaba en el piso superior, pero vio que al instante irrumpió en los patios multitud de milicianos, Guardias de Asalto y

(Folio 006) Guardias Civiles y que, apostándose tras las columnas del patio algunos milicianos y Guardias de Asalto, disparaban sobre los Oficiales y soldados que pasaban por las galerías.

El declarante pudo salir mezclado con un grupo de soldados.”

(Folio 07) Pedro Peláez Gómez, Madrid, 27.5.39, 35 años, casado, natural de Terrinches (CR) sargento, domicilio Andrés Mellado 52, declara:

Que en el mes de julio de 1936 prestaba servicio como Sargento en el Reg de Inf nº 4, en el Cuartel de la Montaña. El sábado 18 de aquel mes fueron acuarteladas todas las tropas de dicho Cuartel.

El domingo día 19 llegó a él el General Fanjul, y momentos después el Coronel de su Reg D. Agustín Serra; entró en la sala de Clases, que allí estaban reunidas, arengándolas en el sentido de que había que estar dispuestos a salvar a España, y a continuación el general Fanjul les dirigió la palabra en los mismos términos. Contestaron afirmativamente algunos de los Brigadas y Sargentos allí reunidos, pero la mayor parte de ellos callaron. Una vez que el general y los Jefes y Oficiales marcharon de la Sala de Clases, los Brigadas Eutiquiano Tejada y Juan Galán tomaron la palabra, diciendo que ellos no estaban dispuestos a seguir el Movimiento y que tenían que ponerse de acuerdo con la Dirección general de Seguridad, el Ministerio de la Guerra y con las demás Unidades de la Guarnición, con lo que se mostraron conformes la mayoría de los presentes, excepto cuatro Brigadas, el declarante y dos Sargentos más. Inmediatamente, el testigo, de acuerdo con el Sargento Marcelino López, se dirigió al teléfono de Clases, y mientras éste se quedaba a la puerta vigilando, el que declara penetró en la cabina y destrozó el aparato, para evitar que por él pudiesen comunicar los desconformes con el Alzamiento, que irrumpieron en la cabina antes de estar roto el aparato telefónico, por lo que para terminar su ruptura, hubo de contenerlos el que declara amenazándoles con el fusil.

Aquella tarde entraron en el Cuartel ciento ochenta y tantos falangistas, que seguidamente se vistieron de soldados. Oyó un tiroteo entre fuerzas de Ingenieros y un camión de milicianos rojos que pasó junto al Cuartel, pero no vio lo que sucediese. A las 6 de aquella tarde, ya estaba rodeado el Cuartel de la Montaña por las milicias rojas y Guardias de Asalto y Guardia Civil, por lo que a partir de esa hora fue muy raro el falangista que logró el acceso al Cuartel.

El lunes día 20, a poco de salir el sol, empezó el tiroteo de los sitiadores. Estos tiraban también con artillería y su aviación estuvo bombardeando constantemente el Cuartel hasta su rendición, que tuvo lugar ya cerca del mediodía. Durante aquellas horas de lucha, vio que, rehuyéndola, andaban por la escalera y

(Folio 8) por la sala y comedor de Suboficiales, los mismos Brigadas y Sargentos que la víspera habían exteriorizado su oposición al Movimiento Nacional, que eran los siguientes:

Brigada Eutiquiano Tejada

“ Juan Galán

Sargento Ramón Haro Calahorra

“ Leoncio Alba García

“ Martín Moreno González

“ Nicolás Alfaraz Piernas (está preso en Madrid)

“ Juan Andrés Benito

“ Juan Bermúdez Ibáñez

“ Pascual Bermúdez Ibáñez

“ Miguel Ciudad Pedrero

“ Pedro Caso Carbonero y Juan Rodríguez Marín

Cabos Genaro García

Manuel Guerrero

Salvador Rovira

Junto a estos y en igual actitud pasiva, vio a los siguientes:

Capitán Santiago Martínez

Alférez José Jiménez Herrero

Patricio Molano Mendo

Adrián Cano Villarrubia y un grupo de soldados

Entre las 11 y 12 de aquella mañana, oyó en el interior del Cuartel voces de “¡Bandera blanca!”, y unos minutos depués vio en el patio al Coronel, Jefes y Oficiales, que eran desarmados por el Capitán Santiago Martínez, Alféreces, Brigadas, Sargentos y Cabos que antes se han dicho andaban por la escalera y sala de suboficiales.

A los pocos minutos, vio irrumpir en el Cuartel, por la puerta falsa que da hacia la Estación del Norte, a los Sargentos Eduardo García Doncel (pertenecía al Escuadrón Presidencial), Diego Mosquera Blanco (pertenecía al mismo Escuadrón Presidencial) y Siro Gallardo Chillarón (era del Regimiento nº 4 de Infantería, pero estaba en disfrute de permiso de verano) y Cabos Salvador Marín y Antonio Vallarín (ambos expulsados del Regimiento nº 4 por comunistas), que iban al mando de los milicianos rojos que, como fieras, entraron en el patio del Cuar-

(Folio 9) tel. Al instante, recibió el que declara un golpe en la cabeza que le dejó sin sentido, el que no recobró hasta las dos de la tarde, encontrándose entonces en la Sala de Banderas, desde donde marchó a su casa.

Al día siguiente fue detenido y, tras de pasar por diversas prisiones, fue liberado el 29 de marzo último en Orihuela, donde estaba recluido en un campo de trabajo.

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