Julen, patrón de los niños que van a ser abortados

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Algunas personas terminan su vida sin descubrir que tenían una misión y otras, como el pequeño Julen, la descubren cuando su vida, para muchas personas, había terminado.

Al llegar al Cielo, permitieron al pequeño Julen contemplar todos los esfuerzos que se hicieron para rescatarle y la gran solidaridad mostrada hacia su persona y su familia por la sociedad.

El pequeño Julen no salía de su asombro, cuando le preguntaron:

-¿Qué haremos con todos esos esfuerzos?

-No lo sé, de alguna forma habrá que agradecerlos.

-Fíjate, Julen, todo eso que se hizo por ti, de alguna manera te pertenece. Pero tú ahora no lo necesitas, porque aquí tienes toda la felicidad que puede caber en tu corazón. ¿Qué haremos?

-Tendríamos que devolvérselo a esas personas. Pero no sé cómo hacerlo.

-No Julen -continuó su interlocutor-, las cosas no funcionan así. Quizá oíste alguna vez decir que lo que se da no se quita. Te han dado a ti todos esos esfuerzos, ese cariño y esa solidaridad. Ahora es misión tuya administrarlos. De lo contrario, si pretendes simplemente devolverlos, es como si los rechazaras, y parecería que todo ha sido inútil.

El pequeño Julen seguía sin salir de su asombro. No entendía qué significaba eso de administrar. En su corta vida no había podido aprender qué es eso de hacer negocios.

-Veamos -insistió su interlocutor. Si a ti te dan un montón de caramelos para el día de tu cumpleaños, ¿qué haces con ellos?

-Pues algunos me los como, y luego los reparto con otros niños.

-Exactamente. Solo que aquí tienes todo lo que necesitas, y todos esos caramelos parece que te sobran.

-Entonces tendré que buscar niños a los que dárselos. Pero, ¿dónde están esos niños?

-A ver, Julen, vamos a dar un paso más. Ya sabes que hay más alegría en dar que en recibir. Y a ti te han dado un montón de esfuerzos y cariño. Si te fijas, no se trata de que tú des a otros niños eso que otras personas quisieron darte a ti. Todo ese bien es tuyo, y aunque es de tu propiedad, haces muy bien en desear dárselo a otros niños que tengan menos que tú. Pero, ¿no sería mejor que lograras que quienes te lo dieron pensaran en esos niños que lo necesitan y quisieran dárselo a ellos?

De nuevo Julen estaba algo confuso con ese juego de trileros que parecía consistir en pasar lo que a él le dieron de un vaso a otro para que llegara a otros niños sin que nadie se diera cuenta del cambiazo.

-Me refiero a que no se trata de que las personas que pensaban en ti dejen de hacerlo para que piensen en otros niños, o de que tú les des a estos de lo que te sobra. Lo que te han dado tiene que pasar de tus manos agradecidas a las de tus donantes, y así tú devuelves más de lo que has recibido. Pero, al mismo tiempo, tienes que descubrir a esas personas dónde están esos niños a los que, de nuevo, tendrán ellos que dirigir sus esfuerzos y su cariño.

-¿Y dónde están esos niños?

-Mira, Julen, hay unos niños a los que nadie ve, y en los que nadie piensa, que también están encerrados, como tú lo estuviste… Claro que no es exactamente igual. Es más, precisamente porque no es igual, es justo que tú adviertas sobre su situación.

-¿Hay niños encerrados? ¿Dónde?

Julen se imaginaba una cárcel, o una cueva llena de niños abandonados o incluso encadenados, así que su interlocutor le explicó que no, que esos niños no estaban juntos, sino separados unos de otros.

-Te estoy hablando de los niños que aún no han nacido. A diferencia de ti, están en un lugar cálido y agradable. Están vivos y bien alimentados, cada uno al calor del seno de su madre. A algunos, sus padres quieren verlos, y muchos pueden hacerlo, incluso hacerles fotos un poco borrosas, y esperan con ilusión el momento en que por sus propias fuerzas salgan y empiecen a respirar y a dar guerra. Pero a muchos les han convencido de que en realidad no existen y de que allí no hay ningún hijo suyo.

-¡Ah!, ¿entonces es como cuando dudaban de que yo estuviera en el fondo del pozo?

-Sí, es algo parecido. Hay personas a las que se les hace un mundo pensar que tienen un hijo al que alimentar, y a diferencia de tu caso, en el que tantas personas creyeron que estabas ahí, incluso que estabas vivo, muchos prefieren pensar que esos niños no existen, o que no vale la pena el esfuerzo de mantenerles con vida.

-¡Qué pena!, exclamó Julen.

-Exactamente. Qué pena. Porque, además, ayudar a esos niños es bastante más sencillo de lo que fue llegar hasta tu pequeño cuerpecito encerrado en la tierra. Ellos están a solo unos centímetros de la superficie. Y no hay que excavar una montaña, sino solo esperar a que salgan.

-¿Y por qué no esperan?

-Bueno, Julen, esto es más complejo de lo que parece. Pero si miras a lo que sucedió contigo, quizá encuentres la respuesta. Los hombres a veces sólo se dejan impresionar por las cosas extraordinarias. Que un niño viva en el seno de su madre es una maravilla inexplicable. Pero también es lo más sencillo del mundo, ya que le ha pasado a todos los hombres. En cambio tú te caíste a un pozo profundo y estrecho, y eso era algo que a nadie le había sucedido, o al menos a todos parecía una mala suerte muy extraordinaria…

-Ya, pero le podía haber pasado a cualquiera.

-Sí, pero te pasó a ti. Y muchos quisieron darte lo que ellos hubieran querido que les dieran. Auxilio, ayuda, con esfuerzo, con cariño, para que no estuvieras solo, para que pudieras vivir.

-Lo entiendo, esas personas eran buenas. Pero sus buenos deseos no pudieron cumplirse. Aunque yo no sufro por eso, y ellos no deberían sufrir, pues yo soy feliz.

-Claro, pero podemos hacer algo para que esos buenos deseos no se apaguen. Es más, podemos hacer algo para que sirvan a esos niños que de verdad necesitan ayuda, ¿no te parece?

-Sí, claro. ¿Y cómo podemos hacerlo?

Es sencillo, y a la vez complejo. Es sencillo porque es más fácil comprender que está vivo y que puede seguir viviendo un niño que está en la plenitud de sus fuerzas naturales para crecer y vivir. Y es complejo, porque muchas personas se han dejado convencer de que lo que hay dentro de esas mujeres en realidad no es un niño, ni tiene por qué vivir.

-¡Qué extraño! ¿No has dicho que incluso se podían hacer fotos de esos niños? Pues a mi nadie me veía y todos creyeron que valía la pena rescatarme. Ni siquiera se atrevían a decir que podía estar muerto.

-Sí, Julen, es como te he dicho, que los hombres a veces son extraños. No quieren aceptar que hay vida donde ésta es más plena, ni siquiera aceptan que se intervenga para dejar que esa vida continúe. Ahora que eres una persona madura y feliz, te diré que incluso hay quienes intervienen para poner fin a esa vida. Y por otra parte si alguien se hubiera atrevido a decir de ti… Los hombres son orgullosos y no quieren que se les cambien sus planes, lo mismo si se han propuesto algo bueno como rescatar a un niño de un pozo, que si se han convencido de que no hay vida donde la hay.

-Caramba. ¿Y yo podría haber llegado a pensar así?

-Hombre, Julen, no me pidas que responda a eso. Lo importante es que aquí sabes cómo son las cosas y ya no estás expuesto a ese peligro. Mientras viven en el mundo, los hombres son libres y pueden pensar con rectitud y querer lo bueno. Pero es cierto que a veces es muy difícil, con tantos prejuicios sobre lo que se puede pensar y lo que se puede o no decir. Por eso podrías intervenir y ayudar a tantas personas que quisieron ayudarte a ti.

-¿Y cómo lo hago? ¿Qué les digo?

-Verás, Julen, tienes que despertar en ellos al menos un poco de compasión hacia esos niños a los que tan pocos esfuerzos y cariño se destina. Tú les devolverás aquellos esfuerzos y cariño que te dieron, susurrándoles que vuelvan a emplearlos en ayuda de los niños que están en peligro, cuyas vidas a veces dependen del estado de ánimo de su madre. Les harás ver que vale la pena ayudar a esas madres para que ellas te vean a ti en sus hijos, y que se den cuenta de que esa vida es como la tuya, y que aunque ese niño no será famoso por haber salido con vida de un pozo profundo, les querrá con el amor que tú tienes por cuantos te ayudaron, porque a fin de cuentas son niños que han salido de un pozo oscurísimo, el pozo de la falta de esperanza y la falta de amor por la vida, un pozo donde hace mucho más frío y hay piedras mucho más duras que aquellas contra las que tú chocaste.

-¡Qué ilusión me haría poder salvar a uno de esos niños!

-¿Verdad que sí? Pues vamos, Julen, no pierdas ni un minuto más. Tú serás el patrón de esos niños cuya situación en realidad es más tenebrosa que la tuya, aunque casi nadie lo tiene en cuenta. Ayuda a reflexionar a sus madres, y sobre todo a los que convierten la vida de esas madres en un pozo del que parece imposible salir. Esos niños te lo agradecerán. Y aquellos cuyas vidas no logremos salvar, porque los hombres siguen siendo libres y no sabemos cúantos te harán caso, aquellos niños cuyas vidas son abortadas -que tú ya tienes madurez suficiente para saber que a eso se le llama aborto provocado-, esos niños te tendrán por patrono y te harán aquí compañía. ¡Vamos, vuela!